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Jueves 03 de agosto de 2017

Jenny Rozo Herrera – Bogotá, Colombia

Luis Miguel Bermúdez, profesor de Ciencias sociales y Ética del colegio público Gerardo Paredes, en Bogotá, logró un récord que cualquier institución de Latinoamérica envidiaría. En tres años logró poner fin a los embarazos a temprana edad a través de un currículo de educación sexual, con el que fue reconocido como Gran Maestro 2017 por la Fundación colombiana Compartir.

La escuela Gerardo Paredes se caracterizaba por tener uno de los mayores índices de violencia de género y de embarazos de adolescentes. Era común que 70 niñas quedaran embarazadas cada año. También eran frecuentes las riñas en ambos sexos lo que dificultaba la convivencia. Cuando Bermúdez casi aceptaba la derrota ganó un cupo para estudiar un doctorado en Educación, la excusa perfecta para centrar su tesis en resolver esa problemática.
Y sí que lo logró. En 2014, solo hubo 21 embarazos. Al año siguiente, 17, y en 2016, 11. En lo que va de 2017, ninguno.

La solución fue crear la asignatura de educación sexual, basada en las situaciones que los estudiantes vivían día a día. Era consciente que si quería transformar la realidad tenía que analizar a sus propios estudiantes en el contexto escolar. Por ser un proceso complejo, tuvieron que hacer una reforma curricular. Cambió el sistema de evaluación, el manual de convivencia y otros aspectos que no estaban en sintonía con el nuevo enfoque.

“Empezamos a descubrir que esto es cultural, imaginario, creencias, y las creencias las reproduce el sistema educativo y asimismo las puede transformar y eliminar. Por eso el currículo fue diseñado para transformar las violencias de género tal cual como se presentaban en el colegio”, explicó Bermúdez, en una entrevista con Yahoo en Español.

Así se volvió una materia permanente, como cualquier otra, con horas semanales obligatorias, con expertos que atendían sus inquietudes y que permitía a la institución estar al lado del joven en su desarrollo psicosexual, que se da en grado octavo de bachillerato, porque el momento del despertar sexual está en la edad escolar.

– El golpe del bullying y los prejuicios –
Al implementarse, las preguntas de los jóvenes aumentaban. Sobre la marcha se fueron incorporando más herramientas útiles, como alianzas con servicios de salud para ser atendidos o conocimientos legales para que supieran qué hacer cuando sus derechos fueran vulnerados.
Un niño que a los 11 años sufrió de violencia de género y a los 15 fue padre, ejemplifica cómo era la situación en el colegio Gerardo Paredes. Primero fue etiquetado como homosexual, porque demostró su interés y destreza en un juego, catalogado como un juego solo de niñas. Cuando llegó al grado octavo, con 15 años, lo molestaban porque no tenía novia. Se dio cuenta que tenía que ser violento para defenderse del bullying y tener una mujer al lado para quitarse la etiqueta de homosexual. Empezó a buscar lo que socialmente dicen es la niña más bonita, como no le puso atención, se dirigió hacia la más excluida, y con ella quedaron embarazados.

En este mismo caso, al preguntarle a niñas embarazadas, decían que “como han sido tan excluidas por su apariencia física y tienen una autoestima tan destruida, creen que nunca van a ser merecedoras de tener un hombre al lado y por eso es que le dan todo. Si ellos se iban, ellas se quedarían solas”, comentó.

– Materia creada con la participación de todos – 
El currículo está elaborado en conjunto con los jóvenes a partir de encuestas, talleres y ejercicios. Con esto se quiso eliminar la visión de algunos adultos, que se creen expertos en el tema sexual e impartían en charlas conocimientos que no involucraban los intereses de ellos y lo que hacían era transmitir su ignorancia a los jóvenes y adolescentes sobre el tema sexual.

Recuerda que antes lo único que tenía el colegio era un departamento de orientación, que hacía lo que podía, llevaba, 2 o 3 veces al año, médicos a enseñar métodos de planificación, pero sin ningún impacto. “El colegio prestaba las aulas y los estudiantes, para que vinieran otros, que no conocían a nuestros estudiantes, a hablar de temas que según ellos era lo correcto en la educación sexual”.

Puntualizó que un currículo de educación sexual no puede basarse en el miedo, porque “el miedo no se puede incorporar en un acto que indica placer”. Para él es clave que hay que enseñarle al estudiante que lo significativo en la sexualidad es el placer, que es la motivación para que los jóvenes tengan relaciones sexuales y no porque quieran tener hijos.

Bermúdez también tiene la satisfacción de que su proyecto ha salido de las paredes del colegio. “Estamos funcionando en tres modalidades: como materia, con el currículo; como proyecto para atención personalizada, ya que tenemos una oficina que atiende a las parejas con inquietudes personales, y el Centro de Investigación de género y sexualidad”.

Aunque el profesor, de 35 años, no la tuvo fácil. Es paradójico pero el bullying que él veía todos los días entre sus estudiantes, lo recibió de algunos docentes que estaban en desacuerdo, en vez de los mismos padres. “Hubo más resistencia en la misma educación educativa, menos de la rectora que siempre me apoyó y de otros colegas. Estaban basados en que esto era inmoral, empezaron a decir que los niños iban a ser homosexuales. No han cambiado pero ya dejaron de molestar”, indicó.

En cambio, la alumna Sofía Vargas le agradece porque ha aprendido sobre lo que verdaderamente es la sexualidad. “Sé cómo hacer valer mis derechos ante entidades de salud. También ahora puedo hablar con mis padres y decirles que sean más abiertos, que es preferible tenerle confianza al hijo y poderlos orientar hacia una sexualidad plena, y no llegar con embarazos no deseados o enfermedades de trasmisión sexual”.


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