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El tiempo - Tutiempo.net


22/08/2017


El último sobresalto es temer por la marcha del argentino, aunque los papeles están firmados
Amante del dramatismo (ayer se aseguraba en medios de comunicación respetables que Neymar rompió a llorar en el minuto de silencio del PSG acompañando imágenes donde se veía que no lo hacía), parte del entorno barcelonista se empeña en querer sufrir ahora por el futuro de Leo Messi, como si la palabra de este, y la firma de su padre en su representación, no valieran un pimiento. 

Ha sido tal el golpe deportivo y anímico por el embuste y la huida de Neymar, empeorado por la falta de previsión de la directiva y su posterior desconcierto, que el pánico ha cundido ante la posibilidad de que el argentino siga el mismo camino y no firme el contrato, cerrado hasta el 2021.

Una probabilidad incierta, pero alimentada por un ambiente paranoico creciente. Hay incluso quien cree que detrás de este ruido no hay periodismo sino conspiración, pero la secuencia de los hechos muestra que la habilidad del club a la hora de neutralizar el miedo a perder a Messi ha sido nula. Bastaba con decir que el compromiso del mejor futbolista que ha pasado por el club (y la rúbrica de su progenitor) es sagrado para zanjar el tema, pero no se hizo.

El argentino está a la expectativa, se ha quedado sin Neymar y no soporta perder, menos con el Madrid

Elegir al vicepresidente Jordi Mestre, autor de la frase “Neymar se queda al 200 por cien”, como portavoz del asunto suministró material del bueno a los amantes de los incendios. “La renovación de Leo está bien encaminada. Me sorprendería mucho que no se llevara a cabo”, dijo Mestre, frase poco convincente e invitación a interpretaciones. Días después apareció, en Francia, una información según la cual el Manchester City, versión británica del PSG edulcorada desde Catalunya por los amigos y conocidos que allí trabajan, estaba dispuesto a pagar los 300 millones de cláusula. 

Las alarmas se dispararon hasta que fuentes del City, cuyo sueño húmedo (eso si que no es invención) siempre ha sido tener a Messi, desmintió el movimiento. Joan Laporta, en la línea de salida para proponerse como presidente alternativo, aportó su solución telegrafiada en un tuit: “Si queremos que Messi continúe a gusto en el Barça tenemos que echar a Bartomeu inmediatamente”.
El club (Mestre) se explicó mal y dio pie a pensar en lo peor: el pánico se extendió de forma masoquista 

El siguiente episodio es un clásico: consiste en estudiar qué cara pone Messi en el siguiente partido, analizando cada gesto como si quisiera comunicar algo. Nadie ha conseguido desencriptar a Messi, pero aun así salen expertos de debajo de las piedras que dicen saberlo. “Se le vio serio”, se dice, como si al fútbol se jugara riendo. El hombre pudo acabar marcando cuatro goles (tres postes, un gol que pareció suyo...), no sería la descripción de un tipo desenchufado. 

Quedan 10 días para que cierre el mercado, tres fichajes por hacer y una larga lista de descartes por vender/regalar. Eso sí inquieta a Messi, tocado por la marcha de Neymar y a la expectativa por saber qué le traerán en su lugar. Caer contra el Madrid de mala manera tampoco le hizo ninguna gracia. Pero deducir de ahí que se quiere ir, es, cuanto menos, arriesgado.


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